Deportes | 27/02/2020 08.03

La muerte del atleta Braian Toledo: La historia de superación personal de un referente del deporte olímpico argentino

El jabalinista fallecido este jueves nació en una familia humilde y tenía un enorme futuro deportivo.

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La palabra que describe la vida de Braian Toledo es superación. Nació el 8 de setiembre de 1993 en el seno de una familia con muchas carencias económicas y de allí pudo llegar a ser uno de los referentes del deporte olímpico argentino.

Braian Toledo, fallecido hoy tras accidentarse con su moto en Marcos Paz, la ciudad en la que había nacido hace 26 años, padeció en su niñez una vida signada por las privaciones y necesidades, pero ya en la adolescencia comenzó a destacarse y logró trascender en el atletismo argentino, que le reconoce su enorme esfuerzo y su gran sentido de la solidaridad.

El atleta, especialista en lanzamiento de jabalina, había nacido el 8 de septiembre de 1993 en la misma ciudad en la que hoy encontró la muerte.

Braian atravesó una infancia muy pobre y, a los 16, llegó con sus habilidades al CeNARD, donde recibió una beca para que potencie sus condiciones innatas.

"Una vez encontré a mi mamá llorando en casa, era de noche, le pregunté qué le pasaba y me respondió que no tenia nada para darnos de comer a mí y a mi hermana. La abracé y le dije que no importaba, que lo mejor de todos es que estábamos los tres juntos", comentó alguna vez Toledo, al describir la infancia que le había tocado vivir.

Debido a su facilidad para dibujar, el pequeño Braian ganaba dinero haciendo las tareas de colegio de sus compañeros, así ayudaba a su madre.

"Recuerdo que me pasaba noches enteras dibujando y dibujando, mis compañeros me daban 25 centavos y, cuando juntaba una buena cantidad, se la daba a mi mamá para la comida", reveló alguna vez Braian.

Toledo creció y creció en el CeNARD, siempre alegre y agradecido de la posibilidad de desarrollarse en el lanzamiento de jabalina, en principio bajo la conducción de Gustavo Osorio, quien lo conocía desde que estaba en la escuela primaria y festejó como nadie cuando ganó la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Bressanone, Italia, en 2009, con apenas 16 años y contra rivales de 18.

Hincha de Boca y con un costado futbolero, Toledo fue ganando notoriedad en el atletismo argentino y tuvo sus momentos destacados en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016.

En ambos casos, demostró ser muy competitivo en una disciplina que, en la Argentina, tenía antecedentes remotos, desde que sobresaliera Ricardo Heber en Helsinki 1952.

Seguramente esa infancia difícil fue la que le forjó su carácter y le permitió reponerse de una lesión en el pie que le demandó 75 días con muletas y un 2019 en el que perdió en casi todas las competiciones.

Ese pequeño y atendible bajón lo llevó, con el sueño de llegar lo mejor preparado posible a Tokio, porque consideraba que por edad y experiencia sería su momento, a radicarse en Finlandia, donde se mudó para ponerse a las órdenes del prestigioso entrenador Kari Ihalainen.

Cuando volvía a la Argentina, se refugiaba en Marcos Paz y no dejaba de colaborar junto a la campeona olímpica de judo Paula Pareto con los más necesitados, como el merendero "Los Pepitos" de Merlo, donde seguramente extrañarán sus acciones solidarias con aquéllos que más lo necesitaban.

Su partida conmocionó al ambiente del deporte en general, que lo recordará como ejemplo de humildad, respeto y solidaridad.

Se convirtió en subcampeón del mundo juvenil en Barcelona y luego fue los Juegos Olímpicos en Londres 2012. 

Toledo nunca dejó de trabajar para convertirse en un deportista de élite mundial. Eso lo logró en la pasada edición de los Juegos Olímpicos de Río 2016, cuando clasificó a la final de la disciplina.

En 2016 se vio obligado a tomar una difícil decisión: dejar a su entrenador para ponerse a trabajar con una leyenda de la jabalina en el mundo, el finlandés Kari Ihalainen. 

En abril de 2017, el joven partió a Finlandia para planificar lo que sería el camino de cara al máximo evento multidisciplinario que comenzará en Tokio el próximo 24 de julio. 

En 2019 sufrió una lesión importante cuando tuvo una rotura de cuatro ligamentos en el tobillo derecho y debió ser operado. Eso significó que no pudiera participar de los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y en el Mundial de Doha.

Braian se transformó a sí mismo de un chico con escasas oportunidades a construir  una carrera deportiva que ya había conseguido importantes logros, pero en la que planificaba hacer historia en los próximos ciclos olímpicos de Tokio 2020, París 2024 y Los Ángeles 2028.

Con una anécdota describió un reportaje sus orígenes: “Cuando tenía 8 años, me levanté a la madrugada y estaba mi mamá llorando. Le pregunté qué le pasaba: 'Lloro porque no sé qué les voy a dar de comer mañana, a vos y a tu hermana'. No teníamos nada, nada, nada".

Tal vez quizá por eso, la otra beta de su personalidad era la solidaria. Cuando regresaba al país, se daba tiempo para organizar colectas y repartir ayuda a personas humildes de su localidad: "mi hermosa Marcos Paz", decía.

Así, usaba sus redes sociales para difundir algunos logros también en ese sentido: poder ayudar a personas de su mismo origen social de quienes siempre se sintió cerca.

ML